Optimismo, positivismo y realidad
05:54 pmCuando son genuinos, el optimismo y el enfoque positivo tienen sus bases en la realidad, en los hechos, en los recursos con que se cuenta y la forma en que se usan.
No hay duda que el pesimismo y la actitud negativa son lastres de los que hay que desprenderse si es que un individuo o una sociedad realmente quieren avanzar hacia mejores posiciones en la vida.
Pero desde el principio hay que saber diferenciar, de manera absoluta, el optimismo auténtico, real, fundamentado; de aquel que, como las drogas, crea un mundo imaginario de sueños y quimeras, sin base alguna en la realidad, y por lo tanto irrealizables.
Tampoco debe confundirse una actitud o una imagen positiva con una simulación o un montaje que solo tiene como fin crear una falsa percepción en quien la observa.
Cuando son genuinos, el optimismo y el enfoque positivo tienen sus bases en la realidad, en los hechos, en los recursos con que se cuenta y la forma en que se usan.
De manera tal, que cuando los gobernantes traten de insuflarnos optimismo ante el futuro, asegurándonos que por fin derrotaremos la inseguridad, la corrupción y la pobreza, solo podrá ser real si ellos, y también los gobernados, adoptan medidas y actitudes concretas para que eso ocurra. De lo contrario, no será más que un esfuerzo para mejorar su imagen ante los gobernados.
Lo mismo ocurre con la deteriorada imagen del país ante el mundo por los altos índices de corrupción, inseguridad y violación a los derechos humanos.
Muchos tienen la falsa percepción de que el problema es que los medios de comunicación dan a conocer los hechos o que organismos internacionales especializados difunden sus informes que “ponen en mal al país”, como si el hecho de ocultarlos eliminara los hechos.
Desafortunadamente, en la vida real las cosas no funcionan así. Y así lo hemos comprobado en Honduras.
Durante mucho tiempo en los medios de comunicación se le daba total credibilidad a la versión policial referente a que la mayoría de los crímenes eran cometidos por mareros, gatilleros del crimen organizado y en “ajustes de cuentas”; de que los delincuentes se ponían uniformes de la Policía para cometer sus fechorías.
Y eso, desconocer los hechos, no impidió que las “manzanas podridas” continuaran ampliando su red de acción hasta el estallido de finales del año pasado cuando finalmente se hizo público que los policías no solo eran deficientes, sino que se habían convertido en delincuentes, de forma independiente o al servicio del crimen organizado.
Si más tiempo esas fechorías se hubieran mantenido ocultas, no estuviéramos en estos momentos en el inicio de un proceso que bien llevado podría significar el adecentamiento, la depuración.
Seamos optimistas, mantengamos una actitud y una imagen positiva; pero siempre con base en la realidad.
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