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Triste y eterna espera
11:57 pm - Alejandra Villacorta
Los dolientes emplean su día en realizar diversas actividades que van desde platicar, leer los periódicos y escuchar música hasta lavar la ropa sucia
Honduras
Una semana ha transcurrido desde que los dolientes de las víctimas del incendio del penal de Comayagua se instalaron en el albergue temporal del Infop.
Han sido 7 largos y extenuantes días, que se han traducido en desgaste físico, emocional y psicológico para las personas que han emigrado desde sus lugares de origen con la esperanza de llevarse el cadáver de sus seres queridos.
Al comienzo se contabilizaban alrededor de 1,500 personas en el megaalbergue, pero actualmente se han reducido a 654.
Cada día llegan unos y se marchan otros, y a todos los une un solo sentimiento: el dolor.
Pero, ¿qué hay con su día a día en el Infop?, ¿en qué invierten su tiempo cuando no están en la morgue? El HERALDO convivió por un día con los deudos para experimentar en propia carne lo que viven a diario.
El día a día
La actividad comienza un poco antes de las 5:00 de la mañana, cuando la mayoría de personas se levantan e inician con su aseo personal. En los predios del Infop se han instalado baños acondicionados para tal fin. Las personas hacen fila para poder ducharse, lavarse la boca o realizar otro tipo de higienización.
Luego se aprestan a vestirse y esperan hasta que las autoridades de Copeco los llamen para ingerir su desayuno.
A las 6:00 de la mañana se comienza a servir el primer alimento de la jornada. “Nos dan buena comida, no me quejo”, dijo Regina Ramos López, esposa de José Adonis Hernández, recluido en el módulo 8 y que murió el pasado 14 de febrero. La entrega se extiende hasta las 8:00 de la mañana y luego los deudos pasan a un “tiempo de espera”.
A partir de las 9:30 de la mañana, las autoridades de Copeco comienzan a informar a los dolientes si se ha efectuado la identificación de un nuevo cadáver y les informan de todos los pormenores de lo que ocurrió el día anterior en la morgue judicial.
Las personas que desean visitar la morgue son agrupadas y luego emprenden su viaje con la esperanza que será el último día, sin embargo, la mayoría regresa decepcionada.
Mientras tanto, en el Infop, las personas realizan diversos tipos de actividades.
Algunos platican, otros lavan ropa, escuchan música, leen los periódicos en busca de nuevas noticias y hay otros que simplemente se quedan en sus colchonetas esperando que los llamen para ir a la morgue.
“A mí me gusta leer la Biblia, eso de andar de metida no va conmigo, mejor espero acá sentada que me llamen”, dijo Esperanza Flores, familiar de Eusebio Flores, fallecido en el hogar 6.
Así llegan las 12:00 del mediodía, cuando comienza la repartición del almuerzo. Cada día el menú varía, por ejemplo ayer les entregaron carne, arroz y ensalada, acompañadas de tortillas y un vaso de refresco de Coca-Cola. La entrega del segundo alimento puede alargarse hasta las 2:00 de la tarde o incluso un poco más.
“No me quejo de la comida, los de Copeco hacen su mejor esfuerzo”, decía Wilson Ramos, mientras caminaba presuroso en busca de un lugar para alimentarse.
La faena durante la tarde se vuelve más rutinaria, pues la mayoría de albergados prefieren compartir en pequeños grupos su dolorosa experiencia. Los niños juegan en las canchas polvorientas y la tarde avanza hasta llegar la hora de la cena, que comienza a las 6:00 de la tarde y que dura alrededor de las 9:00, tiempo cuando la mayoría se apresta a dormir y cobrar fuerzas para un nuevo día en el albergue.
“Quiero irme luego a enterrar a mi papá”
En su inocencia, Henry Danilo Ramos López, de 11 años, manifiesta que su padre, José Adonis Hernández, falleció “quemado”.
El niño solamente desea “irme luego porque hay que enterrarlo”. Ramos viajó desde Comayagua acompañado de su madre, Regina Ramos López, en busca del cuerpo del padre que nunca conoció.
Ayer aprovechó los cursos de bisutería que impartieron representantes de la séptima regiduría de Doris Gutiérrez para crear un par de aretes que no dudó en regalárselos a su madre.
“Aprovecho el tiempo para lavar ropa”
Mientras la mayoría de albergados prefiere platicar o emplear su tiempo en otras actividades, Rosa Mejía prefiere lavar la poca ropa que trajo consigo.
“Como me vine a la carrera porque quería saber de mi primo Wilmer Alvarado, no me quedó chance de meter más ropa en el maletín”, manifestó Mejía.
Por eso ella prefiere lavar a diario las prendas que utiliza y así “no estar acumulando ese montón de ropa que después no tendré tiempo de lavar”.
La joven lava ropa todos los días a partir de las 10:00 de la mañana.
“Solo me queda esperar para saber de mi sobrino”
La paciencia es una virtud que caracteriza a doña Aurora Romero.
La anciana, de 65 años, manifestó que en ningún momento de su estadía “me he sentido desesperada, porque yo sé que en algún momento me llamarán para saber de mi sobrino”.
Rony Alexander Turcios es el nombre de su pariente, quien falleció dentro del hogar 10. “Yo me vine con mi hermana Rosa, la mamá de mi sobrino, pero ella se tuvo que ir y yo me quedé en su lugar, así que no me queda nada más que esperar”, dijo la pausada mujer.
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