Carmilla Wyler
Sábado 12 de noviembre de 2011

Un misterio complicado parte 2 de 2

09:49 pm  - Carmilla Wyler 

¿Quién ordenó la muerte del masajista? ¿Descubrieron los detectives a la mente criminal?

¿Quién ordenó la muerte del masajista?
¿Quién ordenó la muerte del masajista? (Sergio Chiuz)
Tegucigalpa,

Honduras

EN LA VELA. Los detectives que fueron a la vela del masajista observaban y escuchaban todo lo que podían con la mayor atención. Las lágrimas y los lamentos de la madre se unían a las maldiciones del padre y a la histeria de las hermanas. Lo normal en una situación como aquella. Más allá, los rezos se mantenían como un murmullo ininteligible que le daba a la vela un aire distinto al que estaban acostumbrados los detectives.

Los amigos y los vecinos iban y venían, se acercaban al ataúd, veían el rostro blanco del difunto, retenían la respiración y se retiraban en silencio, pero un muchacho, un amigo fiel, no se despegaba de la cabecera, y se mantenía firme, con las manos cruzadas a la espalda, los ojos tristes, brillantes por las lágrimas que se esforzaba inútilmente en reprimir, regalando de vez en cuando una sonrisa inexpresiva a quienes se acercaban a ver por última vez a su amigo.

 LA PLÁTICA.  "Es doloroso despedir así a un amigo".

El muchacho no supo de donde salía la voz, y apenas le prestó atención. El detective, tratando de parecer amable, se acercó a él y, sin mirarlo fijamente, agregó: "Es triste…"

"Usted… ¿lo conocía?"

"¡Claro!"

La respuesta fue inmediata, solo que a media voz. El muchacho vaciló un poco. Le temblaban los labios y, en ese momento, las lágrimas saltaron libremente por sus mejillas. El detective cruzó las manos hacia atrás, arqueó el cuerpo, miró el rostro pálido del muerto y suspiró, luego le dedicó una sonrisa al amigo fiel, y le dijo, casi sin despegar los labios:

"Yo también se lo decía… pero no quiso hacerme caso…"

Las lágrimas del muchacho eran abundantes, claras y brillantes; muy sinceras.

"¿Era su cliente?"

"No; era mi amigo".

"Todavía cuando se montó al taxi le dije que no fuera, que yo tenía un presentimiento…"

"A mí me contó todo pero no quiso hacer caso…"

"¿Qué le contó a usted?"

"¡Todo! ¡Todo! Cuando lo llamé, antes de que lo mataran, me dijo que iba en un taxi para el barrio Abajo, y que era la última vez que lo hacía…"

"¡Ay! Yo también… Pero es que no entendía de razones… Estaba necesitado de dinero y tenía que conseguirlo como fuera…"

"Sí; así me dijo… Veo que usted era su amigo, su mejor amigo…"

"¡Ay, no! Amigo no. Jamás voy a conocer a alguien como él… Él era todo para mí… ¡Ay! Si me hubiera hecho caso… ¡No sé como aguantar este dolor! Perder a lo que más se quiere es como quedar muerto en vida".

"Sí, yo ya pasé por ese trago tan amargo…"

Los ojos se encontraron y se consolaron en silencio. El detective agregó:

"Pero es que necesitaba el dinero…"

"Sí".

"Usted trabajó bastante con él…"

"Éramos inseparables".

"Y, ¿por qué no lo acompañó usted al barrio Abajo?"

"¡Ay, no sé! Él me dejó en la casa… Dijo que tenía que ir solo… Pero yo ya sabía a qué iba… Y yo le dije que no fuera, que ya dejara eso…"

"Lo siento mucho… Quisiera llorar con usted pero allí está mi esposa… Usted me entiende…"

El abrazo fue sincero. Las lágrimas y los mocos del muchacho cayeron como un diluvio sobre la chamarra del policía.

EN LA DNIC. "Ese es el informe".

"No lo pierdan de vista. Mañana, después del entierro, lo quiero aquí… Está débil, emocionalmente hablando, y vamos a saber por su boca más de lo esperamos… Ya verán. Él sabe bien a qué iba el masajista al barrio Abajo y por qué".

La reunión terminó tarde esa noche. Los detectives leyeron y releyeron el informe del detective, y lo que habló con el amigo de la víctima les sirvió como primera pista. Y las preguntas empezaron a salir a la velocidad de la luz.

PREGUNTAS.  ¿A qué iba el masajista al barrio Abajo?

"Estaba claro que nadie lo esperaba en el hotel, como era la costumbre, según declaraciones de los empleados. Aunque era posible que lo esperaran en algún lado para entrar juntos a la habitación, como también había pasado muchas veces. Lo cierto es que estaba citado con alguien, que ese alguien era conocido, o conocida, y, a juzgar por la insistencia, era su cliente desde hacía mucho tiempo… Por eso necesitamos el vaciado del teléfono de la víctima…"

"Lo tendremos mañana".

"Bien. ¿Por qué necesitaba tanto el dinero?"

"Y, ¿cuánto era el dinero que necesitaba?"

"Por lo que dijo el amigo, parece que era bastante…"

"Sí, porque una sesión de masaje no pasa de mil lempiras, más las propinas por los otros favores… Y con eso no creo que resolviera el problema que tenía…"

"Entonces iba por más".

"Lo sabremos mañana".

"Hay algo que me intriga: si el amigo y la víctima trabajaron juntos, y si el amigo le dijo que ya no siguiera con eso, creo que no se refería precisamente al trabajo de masajista, no; más bien creo que era algo más grave y quizás peligroso porque dijo también que tenía un presentimiento al momento en que su amigo se subió al taxi… El quiso detenerlo".

"Y, si trabajaban juntos, ¿por qué no lo llevó?"

"No creo que atendieran siempre a los clientes juntos…"

"Sí, es lógico".

"Entonces, ¿qué era lo que su amigo le decía que ya no hiciera más?""Si lo entregás nos olvidamos de eso y no le informamos al fiscal. ¿Qué decís?"

El policía abrió la boca para decir algo, miró a los agentes, entró a la posta y no tardó en salir. Llevaba el teléfono envuelto en un pañuelo de franela. Los detectives sonrieron, miraron al policía y se retiraron. El teléfono estaba descargado. Cuando lo encendieron, la investigación avanzó por buen camino. El número de las dieciséis llamadas estaba anotado como doctor XX-2. Los detectives guardaron silencio, las miradas maliciosas iban y venían, acompañadas de sonrisas mudas que decían más que mil palabras.

"¿Ahora entienden por qué llevaba una memoria en la bolsa de la camisa?"

"Creo que sí".

"Es hora de hablar con el amigo fiel".

"Estaba claro que nadie lo esperaba en el hotel, como era la costumbre, según declaraciones de los empleados. Aunque era posible que lo esperaran en algún lado para entrar juntos a la habitación, como también había pasado muchas veces. Lo cierto es que estaba citado con alguien, que ese alguien era conocido, o conocida, y, a juzgar por la insistencia, era su cliente desde hacía mucho tiempo… Por eso necesitamos el vaciado del teléfono de la víctima…"

"Lo tendremos mañana".

"Bien. ¿Por qué necesitaba tanto el dinero?"

"Y, ¿cuánto era el dinero que necesitaba?"

"Por lo que dijo el amigo, parece que era bastante…"

"Sí, porque una sesión de masaje no pasa de mil lempiras, más las propinas por los otros favores… Y con eso no creo que resolviera el problema que tenía…"

"Entonces iba por más".

"Lo sabremos mañana".

"Hay algo que me intriga: si el amigo y la víctima trabajaron juntos, y si el amigo le dijo que ya no siguiera con eso, creo que no se refería precisamente al trabajo de masajista, no; más bien creo que era algo más grave y quizás peligroso porque dijo también que tenía un presentimiento al momento en que su amigo se subió al taxi… El quiso detenerlo".

"Y, si trabajaban juntos, ¿por qué no lo llevó?"

"No creo que atendieran siempre a los clientes juntos…"

"Sí, es lógico".

"Entonces, ¿qué era lo que su amigo le decía que ya no hiciera más?"

EL VACIADO.  Una semana después, el listado de teléfonos estaba en manos de los investigadores. "Dieciséis llamadas en media hora del mismo número, justo antes de que lo asesinaran. Este número no tiene dueño."

"¿Tenemos el celular de la víctima?"

"No. Inspecciones Oculares no encontró ningún teléfono en la escena del crimen…"

"¡Qué raro! Tenía que estar ahí. El taxista dice que se iba comunicando con alguien. Y la última llamada que recibió está registrada justo tres minutos antes de que lo asesinaran, según el taxista. Y la envió la torre del barrio Abajo…"

"Pero aquí tenemos algo…"

El grito estremeció las paredes.

"Hay dos llamadas desde el celular del masajista a dos celulares, uno de Claro y otro de Digicel… Una a las siete y doce minutos de la noche, o sea, más de una hora después del crimen… La segunda, a las ocho y catorce minutos… ¿Quién se robó el celular del muerto?"

"¿Quiénes llegaron primero a la escena del crimen?"

Hubo un instante de silencio.

"Quiero los nombres de los dueños de los celulares… Necesito el celular de la víctima… Quiero que vayan a su casa; un asistente del fiscal irá con ustedes. Debe haber notas, algo en su computadora, si es que tenía alguna, nombres, direcciones, ¡algo!, cualquier cosa que nos sirva… Vamos, ¡a trabajar!"

RESULTADOS. El policía se puso nervioso cuando los agentes de la Dirección Nacional de Investigación Criminal (DNIC) le preguntaron el nombre. Cuando le preguntaron por el celular que se había robado en la escena del crimen casi se desmaya.

"Si lo entregás nos olvidamos de eso y no le informamos al fiscal. ¿Qué decís?"

El policía abrió la boca para decir algo, miró a los agentes, entró a la posta y no tardó en salir. Llevaba el teléfono envuelto en un pañuelo de franela. Los detectives sonrieron, miraron al policía y se retiraron. El teléfono estaba descargado. Cuando lo encendieron, la investigación avanzó por buen camino. El número de las dieciséis llamadas estaba anotado como doctor XX-2. Los detectives guardaron silencio, las miradas maliciosas iban y venían, acompañadas de sonrisas mudas que decían más que mil palabras.

"¿Ahora entienden por qué llevaba una memoria en la bolsa de la camisa?"

"Creo que sí".

"Es hora de hablar con el amigo fiel".

CONFESIONES.  El muchacho estaba nervioso, se retorcía los dedos de las manos y sudaba. Sus ojos asustados habían reconocido al "amigo" del masajista y cuando este se identificó como detective de homicidios, empezó a temblar.

"Vas a decirnos a qué iba tu amigo al barrio Abajo…"

"Yo no sé…"

"Ya sabemos que se iba a ver con el doctor Fulano de Tal… Era su cliente desde hacía mucho tiempo… Creo que ustedes dos lo atendieron más de alguna vez y que el doctor les pagaba muy bien… Creo que vos filmaste, grabaste a tu amigo cuando hacía sus cosas con el doctor y que tu amigo decidió pedirle dinero por el video, y que lo amenazó con publicarlo si no le pagaba lo que le pedía. Se iban a ver en el hotel, en el mismo de siempre y allí tu amigo le iba a entregar una memoria con el video al doctor y este le iba a dar dinero".

El muchacho abrió la boca. En ese momento se hubiera tragado una ballena.

"¿Ves que sabemos más de la cuenta?"

El silencio era total. Casi podía escucharse el latido desesperado del corazón del muchacho.

"Si nos ayudás, vamos a hablar con el fiscal para que no te acuse de complicidad en un delito de extorsión…, bueno, de varios delitos de extorsión… También sabemos de la mujer a la que tu amigo grabó…"

El muchacho levantó una mano pálida y temblorosa.

"Yo no sé si fue el doctor el que lo mandó a matar, pero yo le dije que no siguiera con eso… Ya nos había dado dinero, bueno, le había dado dinero a mi amigo…"

El detective lo detuvo levantando una mano oscura y llena de cayos.

"Para que veas que tenemos buena voluntad con vos -le dijo-, no vamos a escribir que dijiste ‘nos había dado dinero’; solo vamos a escribir ‘le había dado dinero a mi amigo’. ¿Está bien?"

El muchacho movió la cabeza hacia adelante. Luego empezó a hablar hasta por los codos. Los detectives comprobaron los nombres en la agenda del teléfono del masajista. A la medianoche, cansados, con sueño y hambrientos, los detectives tenían cuatro nombres, dos de mujer y dos de hombre.

"Es hora de hablar con el director -dijo un detective-; estos nombres son muy conocidos… Pero uno de estos es el del autor intelectual… Creo que es el doctor…"

"Los cuatro tenían motivos para matarlos… Los extorsionaba… Y lo peor es que no cumplía su palabra… Le daban dinero y él entregaba una copia, después volvía a chantajearlos…"

"Alguien se cansó".

"Hablemos con el director…"

"¿Y el fiscal? ¿Qué informe la vamos a entregar al fiscal?"

"Este mismo pero él también tendrá que hablar con su jefe…"

"Dudo mucho que este se deje mangonear del jefe..."

"Nosotros cumplimos con nuestro deber. Hasta aquí llegamos. Lo demás queda en sus manos. Que nadie toque la computadora del masajista ni su libreta de notas... Que ellos decidan..."

En aquella pieza se sentía un aroma a miedo e impunidad… Todavía hoy, la muerte del masajista es un misterio complicado…

Ver más noticias

Las noticias más

comentadas

vistas

Edición Impresa      29/05/2012

No tengo superpoderes, sí voluntad

ver la edición en pdf